El día de ayer fui al cine a ver la película de Pedro Páramo (la de Netflix, 2024) y quiero dar mi opinión sobre ésta.
Como no soy un crítico de cine, voy a mencionar las cosas que me gustaron o disgustaron y no hacerles un jucio de acertado o fallido.
Primeramente las cosas que me gustaron fue la escenografía, el vestuario. Por lo tanto, la recreación básica de toda película fue cumplida para mi gusto. Las calles de Comala, la vieja, la del principio de la historia, me recordaron la existencia de esos pueblos jaliscienses que conozco y que perduran en la realidad. Quiero decir que lograron en mí ese recuerdo de algo que existe y que conozco.
El vestuario y, por lo tanto, la recreación de un campesinado olvidado hasta por la mano de Dios, fue bien logrado a mi gusto.
Un ligerísimo ajuste lo haría a ciertas palabras. Cuando llega el sacerdote con el hijito de Pedro Páramo para dejarlo a su encargo, Páramo pregunta que si el sacerdote quiere verlo ¿ahora?, pregunta Pedro. Para mi gusto debió usar la palabra ahorita que es más puntual para precisar un momento. "Ahora" abarca todo el día, "ahorita", por su diminutivo, es preciso para un segundo. Además es una palabra muy mexicana, estudiada incluso por Alfonso Reyes.
Luego, cuando están en la cantina, señalan que están tomando tequila, debieron decir que estaban tomando mezcal, bebida más propia del sur de Jalisco, donde transcurre la historia. Siguiendo en el lenguaje jalisciense, el papá de Susana San Juan debió haber dicho que iba a agarrar a fajazos a su hija y no a cintarazos. Hago estas precisiones porque en varios momentos tuvieron la certeza de usar el lenguaje propio de la novela y atisbos de las expresiones propias del campesinado jalisciense.
Vámonos al otro lado de la balanza.
Hablé de escenografía (no sé si sería más correcto referirme a la arquitectura) como un acierto, pero aun con ello, no lograron una ambientación que nos trasladara anímicamente al interior de la película. Jamás dejé de sentirme dentro del cine, sentado en una butaca. Digo, hay películas en las que sí nos adentramos. Cada quien tendrá sus propios ejemplos, yo hablo de El jardín secreto, la producida por Coppola, quien te atrapa y traslada a su castillo y paisajes irremediablemente, aunque la veas en pantalla chica. Páramo no lo logró ni siquiera por ser proyectada en pantalla grande. Tal vez esto sea el mayor demérito de la película, pero no fue lo único.
La actuación de Manuel García-Rulfo fue pésima. Me iré rápido a las últimas escenas. Cuando lo asesinan no le vemos su dolor por haber recibido tantas cuchilladas en el vientre. De hecho mi hijo mencionó que esperaba ver que tuviera alguna especie de chaleco antibalas ya que que nunca le vio el dolor de la muerte en su rostro. Otra carencia que le notamos es que jamás proyecta la fuerza necesaria que el personaje exige al actor. Cara de palo, nunca le vimos el amor que sentía hacia Susana, ni rabia ni coraje. En un primer momento creímos que al actor lo habían invitado a participar por llevar el apellido Rulfo y, con ello, agregarle valor a la película puesto que aparecería un pariente del autor de la novela. Es decir, creímos que se trataba de un no actor, pero luego, averiguando, nos enteramos de que sí es un actor y ha hecho varias películas. Lástima, no le vimos en ningún momento la experiencia suficiente.
Otra de las limitaciones resultó el maquillaje. Creyeron que un hombre viejo se logra simplemente agregándole canas y ya. Los rostros de varios personajes siguieron prácticamente inalterados, pero, eso sí, con canas. Eso fue todo, ni siquiera una transformación corporal lograron los actores. Debieron haber visto cómo se hace, se prepara y logra un viejo al ver a don Teofilito de los polivoces, por ejemplo.
Hasta aquí mis impresiones. Total, no me gustó la película.
Ah, para la ambientación debieron invitar a Juan Carlos Rulfo como director del filme quien tiene una mayor experiencia en el tema. Nomás les invito a que vean su película documentar Del olvido al no me acuerdo para que vean a lo que me refiero.
Ya me acordé de algo más. La musicalización también demerita mucho. Debieron incluir canciones reales y no esas que alguien escribió. Músicos locales también le habrían caído bien a la película y en esto de nuevo la película de Juan Carlos nos da lecciones.
Creo que, al fin de cuentas, la mano de Netflix es notoria echando a perder, como muchas veces, esas historias a favor de un mercado cada vez menos crítico y fácil de complacer.