Resulta que hoy, nuestro delegado sindical nos regaló unos cuantos periódicos impresos en papel (lo tradicional, pues) y los dejó en el escritorio de la entrada donde todos nosotros firmamos nuestras asistencias. Quien deseara tomar uno podía hacerlo sin mayor problema. Yo entré hoy, fecha del regalo, a la última hora, es decir que ya muchos maestros había pasado a firmar la dichosa hoja. Cabría suponer que ya yo no encontraría nada del famoso diario puesto que ya muchos de mis compañeros se habrían llevado el suyo propio. Pero, ¡ándate que no fue así! Cuando llegué, todavía quedaban unos siete periódicos sin ser tomados, o sea, que los profesores no se llevaron el suyo a pesar de ser regalados.
Y aquí es donde entra la crítica. ¿Qué no se supone que los maestros debemos ser el ejemplo de lectura en un país de tan bajo índice en esta materia? Es bastante sabido, aun entre los mismos profesores, que somos tan idénticos a nuestros alumnos en sus indiciplinas, que no vemos ventaja alguna tomada luego de que hemos terminado nuestra preparación profesional. Tantos estudios al parecer tirados a la basura.
Y de igual forma repetimos el rechazo hacia la lectura. No queremos leer y ese no constituye un problema en nuestra democracia: hemos optado por evitar la lectura a toda costa, fue nuestra decisión y nadie puede hecharnos en cara esto. Pero, señores míos, ¡somos profesores! La actividad intelectual forma parte de nuestra vida y somos intelectuales a través de la lectura. Estamos al día a través de la lectura. ¿Qué se espera para nuestros alumnos luego de demostrar que no hay peldaño para subir luego de que nosotros somos iguales a ellos?
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