En realidad es tan habitual que no sé por qué lo comencé considerando algo raro. Me refiero a esos finales a los que llegan miles de artistas en todos los rubros. Voy explicándome. Todo comenzó cuando me enteré del origen musical que en otros géneros había tenido Julieta Venegas a quien conocimos con baladas muy lindas y exitosas, pero su origen había sido más roquero, más ruidoso, por así decirlo. Luego recordé que también algo así le había sucedido a la Revolución de Emiliano Zapata, y aquí la lista es inútil continuarla por lo enormemente larga que puede llegar a ser.
Claro que también algo así ha sucedido en las otras artes, pero asomémonos a la literatura, terreno que más me atañe. Comencemos con el enorme e inalcanzable Cervantes quien comenzó haciendo poemas y terminó inaugurando la modernidad en las letras con su Quijote.
Así que también yo seguiré con esta tradición, al parecer. Ya no he escrito poemas desde hace meses y cuando lo he intentado, me resultan barbaridades que más bien me parecen mostruos. Y es que ya la meta artificial para terminar de darle forma al poema es lo que me guía y no las imágenes en sí. Cartón puro.
De modo que me voy arrinconando yo mismo hacia el ensayo formal y a una especie de ensayo lírico con el que tal vez mi participación poética continúe dando frutos de manera original y bastante personal.
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