Notas sobre la composición
Se ha mencionado (el primero en reconocerlo, yo mismo) que una buena fotografía descansa sobre el "dibujo" de la composición. Claro que hay infinidad de reglas con las que se pretende enseñar y guiar al fotógrafo principiante. Hoy no hablaremos de ellas.
Ahora, nuestra intención será hablar sobre aspectos más "metafísicos", si es que puede decirse así. Los preceptos son simples y me los ha dado la práctica de esta hermosa arte (recientemente acabo de llegar a estas conclusiones). Básicamente son dos:
a) El objeto (o sujetos, claro) a fotografiar y su presencia dentro de la foto. Aquí nos referimos a la presencia física que el sujeto guarda dentro del marco de la foto. Para ello hay que ver la presencia de lo que queremos capturar y el espacio que tiene dentro de nuestro lienzo. Desde aquí ya consideraremos el tamaño final de lo retratado. ¿Muy chico? ¿Muy grande? Hay que. siempre, aspirar a lograr un equilibrio entre estos tamaños. Hay que ver que nuestro objeto tenga un tamaño agradable a la vista final, que haya a la vez un reconocimiento fácil e inmediato en quien verá la foto final.
b) El objeto debe tener una "expresión" dentro de la foto. Esto me resultará más difícil de explicar, pero debe ser como si le hubiésemos capturado el alma, como si brillara por naturaleza propia y no porque le hayamos logrado "agarrar el ángulo". Esto, como dije, es difícil de explicar, pero apelaré a la propia experiencia de todo fotógrafo, desde el aficionado hasta el profesional. Lo notamos cuando vemos la foto y decimos para nuestros adentros: "esta es la foto" y la destacamos de todas las demás que quedaron en un mero intento fallido. Hay algo que conjuga composición y presencia del objeto en sí, un equilibrio que lo hace destacar de manera sensible para quien está apreciando la fotografía.
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