viernes, 22 de noviembre de 2024

Engaños tempranos

Tengo que hacer una confesión delante de todos ustedes puesto que he decidido cambiar y ser lo más transparente posible ante esta relación que estoy comenzando.

Resulta que el fin de semana pasado fui a Ciudad Guzmán, mi ciudad natal. Allá me estaba esperando mi compañera Alejandra. Nos vimos cerca del jardín principal con esa sonrisa que siempre hemos mostrado cuando nos vemos. Pues bien, era ya la hora de la comida y fuimos a unos tacos que no estaban lejos de donde nos encontramos.

La taquería era amplia. No sentamos en unos de tantos bancos altos que había disponibles para los comensales, es decir, no nos sentamos a la mesa. Eso me permitió ver a través de un cristal el otro lado de la taquería. Allá (¡ay, qué pena aceptarlo!) había una chica bellísima a la que no podía dejar de ver. Ella notó pronto mi mirada y también me veía a mí. Aún hoy no puedo olvidarla, sus cejas bien deliniadas, su pelo lacio que le caía pesado sobre sus hombros, su sonrisa cómplice y satisfecha por ser vista. Hasta su nariz me parecía perfecta. Dios santo, no podía dejar de verla y no quería que Alejandra se diera cuenta. Pero me cachó cuando miró cómo veía yo en ese espejo su propia imagen reflejada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Cápsula de palabras

Uno   Mi más reciente descubrimiento sobre mi propia escritura me sucedió este día. Hay que mencionar que últimamente he estado escribiendo ...