A continuación señalo cuáles son los objetivos que persigo cuando realizo fotografías.
1. Mostrar que el objeto fotografiado es en realidad un objeto en tercera dimensión. La fotografía es un arte de dos dimensiones que captura la realidad de tres. En ocasiones sólo capturamos el lado de un objeto y tenemos una captura de 2D para la fotografia en 2D, ¿qué caso tuvo realizar la foto? Lo realmente interesante es lograr que en esa 2D pareciera que en realidad estamos mostrando algo en 3D. Para ello he desarrollado una serie de técnicas y puntos de vista de los cuales no hemos de hablar ahora.
2. Que el objeto retratado pertenezca al nuevo universo que le hemos creado con nuestra captura. El "universo" del que hablamos (que es en realidad un espacio dispuesto para la foto) es todo aquello contenido dentro del marco de nuestra foto. Por lo tanto consideramos el espacio que rodea a lo retratado y buscamos lograr un equilibrio en las distancias, es decir, que el objeto no aparezca de enorme tamaño (eliminación del espacio de "respiración" que debe haber entre el objeto y el límite del marco), ni tan reducido como para darle más protagonismo al espacio vacío que hay de él hacia el límite del marco.
3. Expresión y presencia. Debo encontrar el punto de vista en el que el objeto mismo destaque de sí mismo su existencia en su espacio real para yo capturarlo para este otro espacio que es mi propia fotografía. Esta expresión, cuando logro capturarla, para mí es haber logrado la captura de la presencia más significativa del objeto mismo.
Siempre trato de lograr estos tres puntos en las fotografías que realizo. Cuando no logro tales fines y equilibrios, la fotografía es errada. Pero ahora revisemos un poco más estos puntos señalados.
Cómo ven, he hablado de "lo retratado" como si fuera un sólo objeto y en ocasiones así lo es (un árbol, una piedra, una montaña), pero ¿qué pasa cuando en la composición entran dos o más objetos? El día de ayer realicé muchas fotos de personas en la playa haciendo lo suyo. Yo quería capturarlas, pero dando protagonismo tanto a ellas como al cielo y sus nubes blancas. En ese caso no podía hablar de las personas como el objetivo general de mis tomas, ya que el espacio que había entre ellas y el marco de la foto era enorme (como resultado: personas pequeñitas dentro de mi foto), así que el objeto ahora era el paisaje conteniendo a esas personas, así el cielo pasaría a ser el "unico" objeto del que hablamos en los tres puntos anteriores que contenía dentro de sí a las personitas.
Así, pues, hay que hacer una reducción constante de los elementos contenidos para tener bien claro qué es lo que deseamos obtener con aquello que retrataremos.
viernes, 29 de noviembre de 2024
Objetivos de la fotografía
lunes, 25 de noviembre de 2024
Escritor-no
Desde hace ya muchos meses (creo que ya lo plasmé en algún escrito, pero no lo encuentro) ha estado retumbando en mi mente cómo hablar, cómo analizar el problema de aquellos escritores que en realidad no lo son. Muchas veces se me vienen palabras, pensamientos sueltos y los pego en facebook, pero no termino de dar con la idea redonda sobre este problema. ¿Por qué lo considero un "problema"? Es que dichos "escritores" representan para mí en realidad una mancha para la literatura, con muy malos aciertos en lo que logran publicar o en su actitud frente a un público deslumbrado. (Por otro lado, me doy cuenta de que con mi aseveración resultaré como un agresor para no pocas personas en el internet, también me aliento a mí mismo a dejar de ser condescenciente hacia los demás y ahora es momento de poner los puntos donde deben ir).
Primero, quiero señalar que, como no he podido dar forma completa a mi inquietud, he lanzado botellas al mar pidiendo ayuda para esta reflexión, pero nadie me ha atendido. Creo que en esta ocasición ese desamparo ha terminado ya que he encontrado alguna respuesta (como tantas veces) por parte de mi amigo Martín Rolón quien, afortunadamente, no está de acuerdo conmigo muchas de las veces y, son sus reflexiones, termino por redondear muchas de mis ideas. En reciente post Martín me señala lo siguiente:
"¿Y de dónde sale eso de escritores-no? ¿No será que también hay escritores por tipo de lectores? Hay lectores que les gusta los temas o lecturas fáciles, el entretenimiento, los que leen lo que no se entiende, los que les gusta lo escándaloso, lo cursi, etcétera".
Es obvio que Martín ignora a quienes yo llamo los _escritores-no_. Así que voy a hacer las puntualizaciones correspondientes. Esa respuesta que escribió mi amigo fue a una pequeña frase donde indico que los escritores escriben para su público, piensan en su lector; mientras que los escritores-no, no llegan a tener esa consciencia sobre los potenciales lectores. También, en otro momento, señalaba que los escritores-no, no andan en el mundo literario, no forman parte de los gremios o grupos de escritores que, con su amistad, denotan ciertos gustos o características comunes. No están pendientes de lo que sucede en el mundo literario, etc. Señalo todo esto porque conozco a varias personas que tienen estos síntomas, por así decirlo. Los escritores que señala Martín, sí están pendientes de su público aunque sean escritores deficientes o complascientes. De hecho tienen bien claro en escribir de esa manera para ganarse a un público amplio.
Creo que es un buen momento para explicarme por qué los llamo _escritores-no_ y no "no-escritores". Si bien atendemos a la segunda expresión, no escritores seríamos todos (excepto los escritores, claro), el soldado, la cajera, el profesor, la presidenta, etc. Todo aquel que NO escribe. Mientras que el escritor-no, ya es escritor de antemano, escribe, publica (a veces cientos de páginas), pero no son escritores. En los siguientes párrafos trataré de explicarme.
Esta idea se me vino por conocer a tres personas que publicaron sus libros y he estado cercano a su persona. Uno de ellos presentó un libro (tal vez esta fue la primera persona con quien se me vino esta idea) y uno de los presentadores me invito a dicho evento. Asistí. Como muchas veces la presentación fue en un local pequeño (el auditorio del Archivo Histórico de la Universidad de Colima). La cosa es que he estado en muchas presentaciones de libros en diversas ciudades y sé de la cantidad de personas que asisten a dichos eventos. Pues resulta que este señor llenó el auditorio, lo cual, por más chico que sea, siempre representa un éxito para este tipo de presentaciones. Ahora que recuerdo, también el número de presentadores era inusual, fueron unos cinco. Luego comencé a caer en cuenta el porqué de tal éxito: la mayoría de las personas asistentes eran familiares del propio escritor, amigos cercanísimos, etc. Con ello el autor pretendía, de antemano, asegurar su "éxito" en el gremio de los escritores y la pretendida fama que tienen. A eso habría qué agregarle la participación de los presentadores (estos sí que eran escritores, los conozco a muchos de ellos). La presentación del libro incluía la proyección de imágenes que iban _ad hoc_ con lo que se iba leyendo, poemas de superación personal (ahora llamada autoayuda). O sea que, de literatura, no había nada. Fue muy probable que, luego de esa presentación, el autor no volviera a escribir nada o tener algún tipo de retroalimetación sobre dicho libro publicado en ese día.
Sigamos con otro de los casos, pero antes, creo necesario establecer sobre quién sí considero escritor para luego hacer una comparativa. Escritor (no atendemos a su calidad, ni su público, ni su "éxito") sería aquella persona que escribe con consciencia de ser publicado en diversos formatos: periódicos, suplementos, revistas, blogs especializados, libros. Vive al tanto, en cuanto puede, de las noticias sobre el mundo de la literatura. Está rodeado de amigos que también son escritores (no necesariamente cercanos físicamente). Escribe respondiendo a situaciones de su mundo actual. Lee autores que le han antecedido, ya para aprender, ya para gozar con su lectura. Tiene, como ya lo señalé arriba, una consciencia sobre su potencial lector y escribe pensando en él (no en su complascencia, si no en su capacidad imaginativa). La más definitiva sentencia sería la siguiente: SABEN que están escribiendo, saben que su materia de expresión es el lenguaje y no lo utilizan para sus fines, sino que recurren a él para acomodar las potenciales facultades de las palabras a lo que el escritor quiere expresar. El escritor-no, simplemente utiliza el lenguaje para expresar lo que a él mismo le satisface (creo que he dado en otro clavo al lograr puntualizar esta diferencia). Al escritor-no lo único que le interesa es expresar sus cortas ideas y ya.
Ahora pasemos al análisis de otro de los casos. Resulta que conozco a otra persona que publica muchos de sus libros con sus propios recursos y no cumple con ninguno de los puntos señados en el párrafo anterior. Vive en completo aislamiento como autor, desconoce muchísimo de este mundillo de la literatura. Ignora a autores, ya viejos, ya recientes. Creo que, ni siquiera, ha participado en la presentación de sus propios libros. Publica sólo para sí mismo. He sabido que sus libros de poemas los utiliza como libros de texto cuando daba clases en las aulas educativas, o sea, lectura por obligación.
A estos autores no los considero escritores porque carecen de muchos de los puntos que hacen de un escritor un verdadero escritor. Creo que ustedes mismos deben conocer a ciertas personas como las que he descrito aquí, así que me gustaría escuchar su opinión al respecto. Como pueden intuir, la opinión contraria será recibida con madurez, para que no teman expresarse en cualquier sentido.
Como siempre, muchas gracias por su lectura.
viernes, 22 de noviembre de 2024
Engaños tempranos
Tengo que hacer una confesión delante de todos ustedes puesto que he decidido cambiar y ser lo más transparente posible ante esta relación que estoy comenzando.
Resulta que el fin de semana pasado fui a Ciudad Guzmán, mi ciudad natal. Allá me estaba esperando mi compañera Alejandra. Nos vimos cerca del jardín principal con esa sonrisa que siempre hemos mostrado cuando nos vemos. Pues bien, era ya la hora de la comida y fuimos a unos tacos que no estaban lejos de donde nos encontramos.
La taquería era amplia. No sentamos en unos de tantos bancos altos que había disponibles para los comensales, es decir, no nos sentamos a la mesa. Eso me permitió ver a través de un cristal el otro lado de la taquería. Allá (¡ay, qué pena aceptarlo!) había una chica bellísima a la que no podía dejar de ver. Ella notó pronto mi mirada y también me veía a mí. Aún hoy no puedo olvidarla, sus cejas bien deliniadas, su pelo lacio que le caía pesado sobre sus hombros, su sonrisa cómplice y satisfecha por ser vista. Hasta su nariz me parecía perfecta. Dios santo, no podía dejar de verla y no quería que Alejandra se diera cuenta. Pero me cachó cuando miró cómo veía yo en ese espejo su propia imagen reflejada.
Faro y luz
Voy con mi compañera Alejandra caminando en las calles de Zapotlán. De repente reconocemos a una muy amable señora que nos atendió la noche anterior cuando nos fuimos a cenar comida china. La señora la ha reconocido a ella y ambas se sonríen al comprender mutuamente su bondad.
Yo reconozco el gesto y también me sé partícipe, pero desde las sombras, por así decirlo. Como el ingeniero de sonido sin cuya participación los músicos estrella no habrían logrado exponer sus canciones. Y con esa idea me quedo, me siento un super estrella ya que mi compañera se está convirtiendo en una suerte de "la cara del grupo", ese dueto que somos los dos y con el que hemos andado tantos lugares en Colima y en Jalisco (apenas comenzamos) repartiendo nuestra presencia imposible de ocultar, ella con su belleza y elegancia natural, yo con mi estatura y mis palabras.
Somos un equipo y ahora todo el mundo va a comprender que la felicidad en ellos es posible porque la verá muchas veces y en distintos lugares con la presencia que nosotros les representamos.
Somos el faro y la luz.
Límites
El espacio delimitado de cualquier obra (humana o divina) es muy evidente en la pintura. Lo que vemos en lo pintado se encuentra siempre dentro de los cuatro bordes del propio marco. Pareciera una perogrullada, pero hay algo que debería ser entendido por muchos artistas noveles que parecieran no entenderlo.
Cualquier obra (repito, humana o divina) está delimitada por sus propias posibilidades. Son tan importantes estos límites que comprenderlos y aceptarlos (hasta buscarlos y crearlos) logrará en nuestra obra, como algo aparentemente secundario (que no es tal), la consolidación de algo bien logrado. Al menos la considero importante como el primer paso que deberíamos aceptar.
lunes, 18 de noviembre de 2024
El poeta y el significante
viernes, 15 de noviembre de 2024
Aparición y destino
¿Quién me ha cubierto los ojos con sus manos? Imagino tu color de piel, dibujo en mi mente el contorno de tu silueta. ¡Cómo me gustaría escuchar tu voz pronunciando mi nombre! Pero tan sólo tengo el calor de tus manos sobre mis ojos.
Fantasma corporal que no sé cómo reconstruir en mi mirada; eco recorrido, voz que encuentro en una boca; ojos que concentran todo lo que miro frente a ellos; presencia que necesito. ¡Quita ya tus manos de mi cara y hazte presente en mi destino!
miércoles, 6 de noviembre de 2024
Ser inteligente
Esfuérzate por lograr tus metas
martes, 5 de noviembre de 2024
La figura no es el objeto
He escrito por lo menos dos ensayos sobre una forma de lectura a la que le he llamado "lectura de reacción". No abandonándome mis apreciaciones sobre este tipo de lectura (esos pensamientos nebulosos que rondan tu cabeza sin que desaparezcan del todo y de los que no te das cuenta ni tú mismo), el día de ayer me vino otra explicación, esta vez un poco más profunda que las otras que había escrito antes.
Comienzo primero con el escrito de Julio Cortázar que me saltó en los recuerdos sin razón aparente y del que surgió todo este periplo de explicación.
Aplastamiento de las gotas
Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.
El subrayado, para motivos de esta explicación, es mío.
Primero, hacer un recordatorio. Con eso de "lectura de reacción", me refiero a las imágenes que nos saltan en la mente tras de la lectura que hacemos de cualquier escrito, una lectura sin interpretaciones lógicas, filosóficas, etc. Leemos "es terrible cómo llueve" y vemos llover, así, sin más.
Ahora bien, gracias a nuestra capacidad de imaginación (que, por cierto, me acabo de enterar de que no es común a todo ser humano, desgraciadamente) podemos visualizar lo que he subrayado en el texto de Cortázar. Está prendida con todas las uñas... e imaginamos (es decir, vemos) a la gotita con las uñas por encima. Si recordamos la figura de esas gotas que quedan por unos instantes pegadas a los cristales, recordaremos que su panza cuelga hacia abajo, naturalmente, pero arriba hay no hay una figura definida, hay como unos dedos que apuntan hacia arriba. La imagen de la uña nos da una sensación de agarre (de hecho, esta palabra viene de "garra", precisamente), así que la imagen poética está completa. VEMOS a las gotitas desesperadas por mantenerse pegadas agarrándose con todas sus uñas, PERO NO VEMOS LAS UÑAS.
Y aquí es donde quería llegar. Gracias a poder de la expresión poética (por parte del autor, cualquier autor) y de nuestro poder de imaginación (ahora como lectores), visualizamos esas imágenes que tienen en cuenta más bien la función de lo que se nombra que del objeto en sí. Es decir, visualizamos el poder de las uñas, el de dientes, el insuflar de su barriga, pero no vemos la uña, los dientes, la barriga.
Irremediablemente tenemos que tocar el otro extremo. Cuando el autor no ha logrado tal maestría, nosotros, los lectores, visualizamos el objeto y no la función. No tardé en encontrar un verso de un poeta de nuestra América que dice: "cascadas de cristales", y tras leerlo vemos una pedacera de vidrios rotos (no sé por qué los imagino de ventanas y no de botellas), pero no visualizamos chorros de agua que conforman la cascada propiamente.
Con todo esto quiero destacar tanto la capacidad de los verdadeos o grandes autores de generar en nosotros las imágenes que desean que logremos en nuestra mente, en nuestros ánimos, tras esas lecturas de reacción que son muy válidas e indispensables para el goce de la lectura.
Por otro lado, quiero destacar la incapacidad de otros autores que denotan, con ello, su afición por la poesía. Nada más que agregar.
Formas de ser y estar
No entiendo la vida, para este caso mi vida, sin escribir. Todo lo que me pasa o recuerdo es susceptible de ser escrito. Viajo, no para conocer el lugar, viajo para escribir sobre él o, más frecuentemente, para escribir allá.
lunes, 4 de noviembre de 2024
Sueño
Ella estaba frente a mí. Delgada, radiante y rubia. Labios prominentes y mirada vertical. Me ve llegar y se dirige rápido hacia mí. Nos abrazamos, nos besamos una y otra vez. Estoy feliz por haberla encontrado, no importa el tiempo anterior, ahora todo es eterno. La miro tan cercana y definitva en momentos de pausa de nuestros besos. La quiero y ella a mí. No hay nada más que decir.
Por alguna razón se va de mis manos, la continúo acariciando hasta el último momento en que nuestros dedos se separan.
Inmediatamente (aún sabiendo que ella está a mis espaldas) nos comunicamos por teléfono. Yo le pido que me diga una palabra en su idioma para oír cómo la pronuncia. Ella dice: "generalitat" y yo sonrío. Ella lo advierte y dice: "tú", sólo una palabra y comprendo todo. "Tú y tus cosas, tú me haces divertir, tú eres quien yo esperaba". Ahora estoy seguro de tan enorme amor y suspiro, siento en mi pecho esa inundación que sólo ciertas satisfacciones nos dan al menos una vez en la vida y despierto.
Ahora, rota esa frontera, estoy feliz aunque sea por algo inexistente. Soy feliz y recordaré por siempre ese rostro que estuvo en mis manos, en mi amor, en mi mirada durante el eterno momento de un sueño.
viernes, 1 de noviembre de 2024
Páramo en el cine
El día de ayer fui al cine a ver la película de Pedro Páramo (la de Netflix, 2024) y quiero dar mi opinión sobre ésta.
Como no soy un crítico de cine, voy a mencionar las cosas que me gustaron o disgustaron y no hacerles un jucio de acertado o fallido.
Primeramente las cosas que me gustaron fue la escenografía, el vestuario. Por lo tanto, la recreación básica de toda película fue cumplida para mi gusto. Las calles de Comala, la vieja, la del principio de la historia, me recordaron la existencia de esos pueblos jaliscienses que conozco y que perduran en la realidad. Quiero decir que lograron en mí ese recuerdo de algo que existe y que conozco.
El vestuario y, por lo tanto, la recreación de un campesinado olvidado hasta por la mano de Dios, fue bien logrado a mi gusto.
Un ligerísimo ajuste lo haría a ciertas palabras. Cuando llega el sacerdote con el hijito de Pedro Páramo para dejarlo a su encargo, Páramo pregunta que si el sacerdote quiere verlo ¿ahora?, pregunta Pedro. Para mi gusto debió usar la palabra ahorita que es más puntual para precisar un momento. "Ahora" abarca todo el día, "ahorita", por su diminutivo, es preciso para un segundo. Además es una palabra muy mexicana, estudiada incluso por Alfonso Reyes.
Luego, cuando están en la cantina, señalan que están tomando tequila, debieron decir que estaban tomando mezcal, bebida más propia del sur de Jalisco, donde transcurre la historia. Siguiendo en el lenguaje jalisciense, el papá de Susana San Juan debió haber dicho que iba a agarrar a fajazos a su hija y no a cintarazos. Hago estas precisiones porque en varios momentos tuvieron la certeza de usar el lenguaje propio de la novela y atisbos de las expresiones propias del campesinado jalisciense.
Vámonos al otro lado de la balanza.
Hablé de escenografía (no sé si sería más correcto referirme a la arquitectura) como un acierto, pero aun con ello, no lograron una ambientación que nos trasladara anímicamente al interior de la película. Jamás dejé de sentirme dentro del cine, sentado en una butaca. Digo, hay películas en las que sí nos adentramos. Cada quien tendrá sus propios ejemplos, yo hablo de El jardín secreto, la producida por Coppola, quien te atrapa y traslada a su castillo y paisajes irremediablemente, aunque la veas en pantalla chica. Páramo no lo logró ni siquiera por ser proyectada en pantalla grande. Tal vez esto sea el mayor demérito de la película, pero no fue lo único.
La actuación de Manuel García-Rulfo fue pésima. Me iré rápido a las últimas escenas. Cuando lo asesinan no le vemos su dolor por haber recibido tantas cuchilladas en el vientre. De hecho mi hijo mencionó que esperaba ver que tuviera alguna especie de chaleco antibalas ya que que nunca le vio el dolor de la muerte en su rostro. Otra carencia que le notamos es que jamás proyecta la fuerza necesaria que el personaje exige al actor. Cara de palo, nunca le vimos el amor que sentía hacia Susana, ni rabia ni coraje. En un primer momento creímos que al actor lo habían invitado a participar por llevar el apellido Rulfo y, con ello, agregarle valor a la película puesto que aparecería un pariente del autor de la novela. Es decir, creímos que se trataba de un no actor, pero luego, averiguando, nos enteramos de que sí es un actor y ha hecho varias películas. Lástima, no le vimos en ningún momento la experiencia suficiente.
Otra de las limitaciones resultó el maquillaje. Creyeron que un hombre viejo se logra simplemente agregándole canas y ya. Los rostros de varios personajes siguieron prácticamente inalterados, pero, eso sí, con canas. Eso fue todo, ni siquiera una transformación corporal lograron los actores. Debieron haber visto cómo se hace, se prepara y logra un viejo al ver a don Teofilito de los polivoces, por ejemplo.
Hasta aquí mis impresiones. Total, no me gustó la película.
Ah, para la ambientación debieron invitar a Juan Carlos Rulfo como director del filme quien tiene una mayor experiencia en el tema. Nomás les invito a que vean su película documentar Del olvido al no me acuerdo para que vean a lo que me refiero.
Ya me acordé de algo más. La musicalización también demerita mucho. Debieron incluir canciones reales y no esas que alguien escribió. Músicos locales también le habrían caído bien a la película y en esto de nuevo la película de Juan Carlos nos da lecciones.
Creo que, al fin de cuentas, la mano de Netflix es notoria echando a perder, como muchas veces, esas historias a favor de un mercado cada vez menos crítico y fácil de complacer.
Cápsula de palabras
Uno Mi más reciente descubrimiento sobre mi propia escritura me sucedió este día. Hay que mencionar que últimamente he estado escribiendo ...
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A continuación señalo cuáles son los objetivos que persigo cuando realizo fotografías. 1. Mostrar que el objeto fotografiado es en realidad ...
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En realidad es tan habitual que no sé por qué lo comencé considerando algo raro. Me refiero a esos finales a los que llegan miles de artista...
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A continuación señalo cuáles son los objetivos que persigo cuando realizo fotografías. 1. Mostrar que el objeto fotografiado es en realidad ...