Ahora reconozco un sentimiento que fue constante en todas aquellas veces que fuimos al mar. Yo soy una persona de tierra adentro, nací frente al Volcán de Colima, detrás y a lo lejos se despliega el enorme mar.
No importa dónde anduviéramos, frente al hotel, bajo la palapa, dentro de las albercas, por las calles del puerto, siempre me sentí un extranjero y, claro, me sentía observado por todas las personas que estaban a mi alrededor.
Pero donde jamás me sentí un extraño, un extranjero, fue dentro del mar.
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