martes, 5 de noviembre de 2024

La figura no es el objeto

He escrito por lo menos dos ensayos sobre una forma de lectura a la que le he llamado "lectura de reacción". No abandonándome mis apreciaciones sobre este tipo de lectura (esos pensamientos nebulosos que rondan tu cabeza sin que desaparezcan del todo y de los que no te das cuenta ni tú mismo), el día de ayer me vino otra explicación, esta vez un poco más profunda que las otras que había escrito antes.

Comienzo primero con el escrito de Julio Cortázar que me saltó en los recuerdos sin razón aparente y del que surgió todo este periplo de explicación.

Aplastamiento de las gotas

     Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

El subrayado, para motivos de esta explicación, es mío.

Primero, hacer un recordatorio. Con eso de "lectura de reacción", me refiero a las imágenes que nos saltan en la mente tras de la lectura que hacemos de cualquier escrito, una lectura sin interpretaciones lógicas, filosóficas, etc. Leemos "es terrible cómo llueve" y vemos llover, así, sin más.

Ahora bien, gracias a nuestra capacidad de imaginación (que, por cierto, me acabo de enterar de que no es común a todo ser humano, desgraciadamente) podemos visualizar lo que he subrayado en el texto de Cortázar. Está prendida con todas las uñas... e imaginamos (es decir, vemos) a la gotita con las uñas por encima. Si recordamos la figura de esas gotas que quedan por unos instantes pegadas a los cristales, recordaremos que su panza cuelga hacia abajo, naturalmente, pero arriba hay no hay una figura definida, hay como unos dedos que apuntan hacia arriba. La imagen de la uña nos da una sensación de agarre (de hecho, esta palabra viene de "garra", precisamente), así que la imagen poética está completa. VEMOS a las gotitas desesperadas por mantenerse pegadas agarrándose con todas sus uñas, PERO NO VEMOS LAS UÑAS.

Y aquí es donde quería llegar. Gracias a poder de la expresión poética (por parte del autor, cualquier autor) y de nuestro poder de imaginación (ahora como lectores), visualizamos esas imágenes que tienen en cuenta más bien la función de lo que se nombra que del objeto en sí. Es decir, visualizamos el poder de las uñas, el de dientes, el insuflar de su barriga, pero no vemos la uña, los dientes, la barriga.

Irremediablemente tenemos que tocar el otro extremo. Cuando el autor no ha logrado tal maestría, nosotros, los lectores, visualizamos el objeto y no la función. No tardé en encontrar un verso de un poeta de nuestra América que dice: "cascadas de cristales", y tras leerlo vemos una pedacera de vidrios rotos (no sé por qué los imagino de ventanas y no de botellas), pero no visualizamos chorros de agua que conforman la cascada propiamente.

Con todo esto quiero destacar tanto la capacidad de los verdadeos o grandes autores de generar en nosotros las imágenes que desean que logremos en nuestra mente, en nuestros ánimos, tras esas lecturas de reacción que son muy válidas e indispensables para el goce de la lectura.

Por otro lado, quiero destacar la incapacidad de otros autores que denotan, con ello, su afición por la poesía. Nada más que agregar.

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