Desde muy chico la lectura representó para mí... (¡ay! Muy valiente comencé este artículo con una alusión a la lectura y me doy cuenta de que no tengo una idea muy clara ante esta pasión que siempre he tenido). La lectura ha sido una salvación de caer en las repeticiones que un chico a veces hace de la vida de su padre. Ha sido un salvarse de la soledad. Ha sido un poner en ejercicio esa capacidad de imaginación que nos hace hombres. Ha sido.
Tal vez ya uno estaba predestinado al ejercicio de la lectura cuando se ve que uno tiene cierta fijación por los detalles. Digo esto porque me recuerdo en el kinder poniendo mi puntito de asistencia (una bolita de plástico tipo chincheta) como me lo ha indicado mi maestra ahí donde creo que debe estar mi nombre. Digo "creo" porque todavía no nos han enseñado a leer. En cierta ocasión alguien pregunta por el nombre de mi hermana y les digo que "es este" apuntando a otro nombre en la lista (que estaba en uno de los muros de la escuela a la vista de todos) cuya semejanza con el mío son, obviamente, los apellidos. He visto que la figura de las palabras después de mi nombre se parece a los de ella. Ya entonces poner atención a los detalles configuró mi forma de ser.
Leer leer en todo momento quería yo ya cuando supe hacerlo. Mi padre llevaba los periódicos del día y yo, más que las noticias, buscaba notas donde se escribieran textos informativos muy diferentes a las noticias comunes. Entonces no sabía que se llamaban ensayos y que muy pocos periódicos las tenían. Yo quería aprender de esos ensayos sobre todo las propagandas que había del socialismo en especial.
Mi sed de lectura llegaba al ridículo de leer una y otra vez los ingredientes de la salsa La Tía que había en la mesa del comedor.
Ahora voy a hacer una confesión. De eso se trata este blog, como saben. Confesiones que no llevan enseñanza alguna. Bueno, la cosa es que yo tengo una familia, primos, tíos, con los que no congeniábamos bien del todo. Yo iba con ellos porque mi papá o mamá nos llevaban. Un día descubrí que en esa casa tenían un par de libros que tenían los ensayos que yo quería leer. Ensayos de filosofía y de escritura y, lo confieso, como les dije, que solamente me gustaba visitar a esos primos para escabullirme en algún momento de juegos o platiquitas para irme a leer algunas páginas de esos libros. Lastimosamente cierto.
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