Recuerdo con cierto agrado que, mientras platicábamos, vi pasar a lo lejos al rostro del mariachi. Un señor cuyo nombre nunca me aprendí, pero que era el representante general de esa formación internacional de músicos. Se me hizo tan curioso verlo de short y con unos panecillos y yogurt en las manos, gritarle al joven del que hablamos y decirle que si iba a querer. Claro que todos somos humanos, pero a veces encasillamos o hasta endiosamos a algunos que queremos verlos siempre en sus uniformes y la imagen me resultó chocante a la vez que cómica.
Pero hablábamos de las fiestas. Ya no he podido o querido ir porque no me agrada que haya tantísima gente vulgarizando esos aspectos religiosos con sus bebidas, pedas y suciedades callejeras. No soy religioso, pero sé valorar estos aspectos culturales que nos vuelven tan peculiares para el mundo. Por cierto, desde hace ya algunos años también había caído en cuenta de lo particular de esas fiestas en mi pueblo. Si se fijan, las ferias de Zapopan y Colima (y muchas otras que no conozco del todo) tienen el desarrollo de sus festividades allá, lejos del centro de la ciudad, con lo cual la feria en sí no es sentida en el resto de la localidad. Claro que sus habitantes podrán saber que existe esa feria, pero no hay un sentimiento de que esté ocurriendo en el lugar mismo de la población. Cosa que sí pasa en las localidades pequeñas o en mi propio Zapotlán.
En mi ciudad hay algo muy particular. La feria se desarrolla por lo menos en tres lugares a la vez (en las mismas fechas, claro está). Así tenemos los juegos mecánicos y el chupe en un lugar bien establecido en las afueras de la ciudad, rumbo al anillo periférico, más allá de la colonia constituyentes. Luego está la zona de jaripeos, toros y bailables, en otro lugar de la ciudad. Y como esta ciudad es muy religiosa, el apartado respectivo se lleva a cabo en el centro de la ciudad, donde se encuentra la catedral. No olvidemos que el mero día 23, las imágenes del señor San José y de la Virgen María, se trasladan a la casa del mayordomo en turno pasando por muchas de las calles de la ciudad, con lo cual el sabor de la feria se vive en la ciudad entera.
Así que ya no regreso, pero la celebración y el orgullo estarán por siempre conmigo.
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